La magia de ser la inspiración

Hoy vamos a hablar de musas. No es precisamente un tema muy práctico en materia de escritura, pero he estado dándole vueltas al concepto y me llama mucho la atención. Una musa, en teoría, es la inspiración del artista, que estimula su creatividad e impulsa su imaginación, y que suele representarse personificada. También es una diosa de la mitología griega, pero esa definición no nos interesa ahora. Cabe tener en cuenta que a la hora de la verdad, el concepto de musa tiene mucho de metáfora. A menudo hablamos de musas refiriéndonos a la inspiración en sí misma, y no a un ser humano. Pero también se utiliza para hacer mención a personas que sirven de inspiración, y ese es el sentido en el que quiero encaminarme.

Hablando mal y pronto, podemos decir que una musa es “una mujer que inspira a un artista”. A lo largo de la historia, han existido muchos grandes genios que afirmaron deber su inspiración a mujeres reales, algunas de ellas ya conocidas por eso (Gala con Dalí, Yoko Ono con Lennon). Y no siempre se trata de mujeres con las que el artista mantiene una relación amorosa -aunque es muy habitual- sino simplemente de mujeres que, por el motivo que sea, avivan su creatividad.

Empecé a darle vueltas a este tema mientras veía Castle. En la serie, el protagonista se reencuentra con su creatividad como escritor cuando conoce a una inspectora de policía que se acaba convirtiendo en su musa. En este caso, la definición de inspiración es tan literal que el artista prácticamente plasma los rasgos de la musa en el personaje de sus novelas, y no siempre funciona así la cosa. En teoría, la musa te puede inspirar a muchos niveles y no necesariamente sirviendo de referencia con su físico o su personalidad. Pero en cualquier caso, mi reflexión empezó con una pregunta muy simple: “Y si la persona que te inspira es un hombre, ¿cómo se le llama?”

La realidad es que el concepto de musa es femenino de por sí y no hay mucho que hacer con eso, y he llegado a la conclusión de que seguramente se deba a que nació en una época en la que todos los artistas eran hombres inspirados por mujeres, pero eso es lo de menos. La pregunta con la que se inició mi reflexión es meramente anecdótica. A partir de ahí, pasé varios días dándole vueltas al tema de las musas, la inspiración y demás, y así es como he acabado escribiendo sobre ello.

No estoy muy segura de lo que se siente al tener una musa -que conste que me refiero tanto a mujeres como a hombres, pero no sé cómo neutralizar el término-. Sí sé lo que se siente cuando una persona te inspira, y conozco esa sensación a muchos niveles. Por ejemplo, cuando conoces a alguien que simplemente es importante para ti, y hace que te sientas bien y que saques lo mejor de ti a nivel creativo; o cuando te encuentras con una persona interesante en cuyo carácter te basas para crear un personaje; o cuando alguien te cuenta algo que acaba generando una idea magnífica en tu cabeza, y esa persona ni lo sabe. De un modo u otro se trata de personas que te sirven de inspiración, sea de forma temporal o permanente, y sea a nivel físico, personal, emocional o intelectual. Siempre he pensado que la definición de musa se acerca más al primer ejemplo que he puesto, pero supongo que cada artista tiene su propio concepto. Así que aunque no tenga mucha idea de si lo que yo tengo es o no es una musa, estoy re-definiendo el término a mi manera.

También creo que las musas no tienen por qué ser permanentes. Por supuesto que existen personas que te inspiran desde que las conoces y para siempre, pero también hay personas que simplemente son inspiradoras en un momento dado, o por una circunstancia muy concreta. No sé si eso les deja fuera de la definición de musa, pero a mí me gusta pensar que no.

Y por todo lo que he mencionado anteriormente, mi concepto tampoco tiene carácter de exclusividad. No suena muy habitual decir que una persona tiene “muchas musas” pero sí es una verdad como un templo que todos los artistas se encontrarán con muchas personas que les inspiran a lo largo de su vida. Quizás haya una que brilla sobre las demás, una que es más importante a nivel personal, o que resulta más inspiradora que el resto, o que tiene algo que la hace especial, y seguramente esa sea la persona que acabe siendo definida con el término de musa. Pero lo que acabo viendo cuando reflexiono sobre este tema, es que hay muchas formas de que una persona resulte inspiradora, y por lo tanto, muchas personas pueden serlo.

Lo que está claro es que las personas nos inspiran. Seguramente, mucho más y mucho más a menudo de lo que ellas se imaginan, y creo que hay una realidad muy interesante detrás de eso. Quizás el escritor, el pintor, el músico o el artista que genera una obra de arte es el que tiene todo el mérito de la misma, pero es plenamente consciente de la cantidad de aspectos de su entorno que han sido influyentes a la hora de llevar a cabo su trabajo; y sobre todo, es plenamente consciente de las personas que le han inspirado. Y he de decir, como escritora de pacotilla que se ha visto inspirada muchas veces por muchas personas, que los artistas tendemos a guardar la identidad de nuestras musas para nosotros. No es que sea un secreto. La persona que más me inspira sabe que lo hace, porque se lo he dicho. Pero hay otras personas que me inspiran mucho y que no lo saben, o personas que me inspiraron una vez y no llegué a decírselo. Creo que es una cuestión de libertad. Si le dices a la musa que ha dicho o hecho algo que te ha parecido inspirador, esa musa se va a preguntar qué es lo que saldrá de esa inspiración. A lo mejor no llega a decirlo en voz alta, pero se lo preguntará. Y tú sabes que se lo preguntará, y de repente sentirás que la presión por estar a la altura de tu musa es mucho mayor. Y la idea ya no fluirá como antes. Sin embargo, sentir que la creatividad que te ha inspirado esa musa es tuya y de nadie más, hace que todo sea mucho más sencillo. No sé si me he explicado bien, pero seguro que hay otros escritores o artistas en general que se hacen una idea de lo que he querido decir.

Es bonito pensar que seas quien seas, quizás has inspirado o llegues a inspirar a alguien. Quizás alguna vez has dicho o hecho algo que se ha convertido en una buena idea para un artista, o quizás tu carácter, tus ojos o la forma en que te ríes, son la inspiración de alguien día a día. Puede que todo eso esté pasando y tú ni si quiera lo sepas. O puede que ya haya pasado, o puede que pase algún día. ¿No es genial ser consciente de algo así?

También creo que los artistas no siempre nos damos cuenta de lo importantes que son algunas personas para nuestras creaciones, y ese es otro de los objetivos de esta entrada. Doy las gracias por cada una de las personas inspiradoras que se han cruzado en mi camino, las que lo siguen haciendo y las que lo harán, porque sin ellas, hoy habría muchas páginas sin escribir para mí. El que decía que escribir es un oficio para solitarios, se equivocaba. Puede que sea un oficio para introvertidos, pero de solitarios nada.

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Un comentario sobre “La magia de ser la inspiración

  1. Me gustó mucho tu interpretacion sobre la definición de musa…Lo que agregaría,es que todo artista encuentra su musa cuando entra en un estado emocional altamente nostálgico,creo que ese estado potencia doblemente la creatividad del artista!!!

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