Lo que todo el mundo piensa de las oposiciones (y es mentira)

Si alguien me pidiera que describiese la experiencia de opositar en pocas palabras, lo tendría claro: no es lo que parece. No es lo que esperas cuando empiezas, ni es lo que la mayoría de las personas de tu entorno piensan que es. Tiene una cara oculta enorme que no conoces hasta que no estás metido hasta el cuello en el proyecto, y para cuando la descubres, ya no es muy útil. Me habría gustado que alguien me dijese todo esto antes de empezar. Puede que no hubiese cambiado de idea, pero al menos habría ido mentalizada. Y sobre todo, me gustaría que lo supieran las personas que forman parte de mi vida y que tienen que lidiar con mis opo-psicosis.

Aquí van algunos mitos comunes sobre las oposiciones. No todos los piensa todo el mundo ni todos se dicen en alto, pero digamos que son, como poco, frecuentes.

“Solo es estudiar”

Qué bonito suena eso. Es lo que yo pensaba cuando empecé. “Total, solo es estudiar. Estudiar mucho, sí, muchísimo. Pero estudiar.” Me río ahora de esa frase. No es solo estudiar. No es solo estudiar mucho y no es solo estudiar todos los días. Hay un montón de cosas que vienen de regalo con las oposiciones, que no las quieres y que no te lo ponen nada fácil, pero tienes que lidiar con ellas hasta que acabes.

Opositar también es redefinir toda tu vida en torno al estudio. La vida del opositor está cronometrada al segundo. Porque no solo cuentan las horas que dedicas a estudiar propiamente dichas. Las horas previas y posteriores al estudio también son clave. Incluso tienes que decidir bien lo que harás el fin de semana en función de cuánto te vaya a afectar al lunes. No puedes permitirte estar cansado por una noche de fiesta desenfrenada (estar cansado = no estudiar), y no puedes permitirte depender siempre del café en cantidades industriales (demasiado café = nervios psicóticos de opositor). No puedes relajarte demasiado si sabes que te toca estudiar al día siguiente, porque tienes que cumplir un horario.

Opositar es, además, sobrevivir a la obsesión. Porque cuando has superado la primera dificultad del opositor, que es coger un hábito de estudio, tienes que esforzarte durante meses por no sucumbir a la segunda gran dificultad: que el hábito de estudio no te haga perder la cabeza. Al final, todo gira en torno a las oposiciones. Cuando no estás estudiando piensas en lo que has estudiado, en lo que te tocará estudiar mañana o en ese epígrafe que te saltaste la semana pasada y que tienes pendiente. Y si no estás pensando en eso, estás pensando en las miles de instancias que se van a presentar al examen y en las pocas plazas que hay. Tu vida es una lucha constante entre el optimismo y el pesimismo: hoy me siento capaz de conseguirlo, mañana sé que voy a fracasar. Es psicológicamente agotador.

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Mis redes sociales han sido invadidas por fotos de apuntes (y de mi gato)

“Tienes tu propio horario”

Me encanta este concepto porque suena a “Trabajas cuando quieres, descansas cuando quieres”. Es verdad que elegir tu horario de estudio tiene muchas ventajas, pero implica una responsabilidad tremenda. Echo de menos los tiempos en que mi horario lo fijaba otra persona: en el trabajo o en la universidad. Y los echo de menos por muchas razones:

  • No toda la responsabilidad es tuya: En el tiempo que llevo opositando, me he hecho decenas de horarios para estudiar y he fracasado muchísimas veces. Ponerte tu propio horario implica saber ponértelo, ser realista y a la vez cumplir con los plazos. Cuando el horario viene impuesto de fuera, tú solo tienes que cumplirlo.
  • Te ahorras muchas explicaciones: Nadie te replica si dices que no estás disponible ciertos días o ciertas horas porque lo que tienes es clase o trabajo. Pero con el estudio es distinto. Porque la gente sabe que tú podrías estudiar en otro momento. Porque tienes todo el día para estudiar. Qué bonitos mitos y qué maravillosa sería la vida si las oposiciones funcionaran así.
  • Trabajar o estar en clase no es como estudiar: En el pasado, he ido a exámenes de empalme después de haber estudiado toda la noche. He tenido días (muchos) de trabajar seis horas, pasar otras cuatro horas en la universidad y ponerme a estudiar al llegar a casa, todo ello a base de café por haber dormido 4 horas. He pasado mucho sueño, mucho estrés y muchos malos ratos en el trabajo y en la universidad, pero nunca ha sido como esto. Porque estudiar requiere un tipo de esfuerzo totalmente diferente. Como he dicho más arriba, no se puede estudiar con sueño ni depender demasiado del café. Más te vale organizarte el horario requetebién para dormir tus horas, estudiar todo lo que te toca y que te quede tiempo para comer o para interactuar mínimamente con las personas de tu entorno.
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Cuando empecé, pensaba que podía limitarme a estudiar de 08:30 a 15:00. Era joven e inexperta.

“Puedes descansar cuando lo necesites”

Esto es una verdad a medias. Sí, vale, es verdad que puedo tomarme un descanso cuando sienta que estoy extremadamente saturada. Por poder, puedo. Nada me lo impide. Pero no quiero. El opositor no quiere descansar fuera de tiempo porque sabe que ese descanso le costará caro en el futuro, y que entonces la saturación será doble o triple. Nunca me había aterrorizado tanto ponerme enferma como desde que empecé las oposiciones. Ponerte malo implica perder unas horas de estudio y un avance de temario que no sabes cómo recuperarás, y prefieres chutarte todos los fármacos del mundo antes de enfrentarte a esa posibilidad.

Cuando opositas, te programas hasta los descansos, y no sobrepasas el tiempo que te has destinado a descansar porque no puedes. Y lo más importante, no quieres.

Y digo que es más importante porque he observado cómo, en determinados momentos del camino, el opositor acaba luchando contra los consejos de sus seres queridos o de las personas a las que conoce. Cuando te invitan a tomar una caña fuera de hora, lo hacen con la mejor intención del mundo. Porque saben que te viene bien desconectar, porque te ven saturada y quieren ayudarte. En realidad, es una intención que agradezco de corazón. Piensan que te están haciendo un favor. Pero por desgracia, no es así.

Saltarme más horas de estudio no reduce mi saturación, la multiplica. Argumentar una y otra vez las razones por las que tengo que irme a casa en vez de ir a tomar algo, no me ayuda a desconectar. Me agobia más. Convencer al mundo de que tienes que cumplir un horario y de que tus descansos ya están decididos y no puedes salirte de ellos, es un esfuerzo extra. Ojalá no fuera así, porque suena muy desagradecido (reitero que con todo, agradezco de verdad la intención), pero es que es así. No puedo evitarlo. Cuando quiera parar porque realmente lo necesite, lo haré.

“Aún tienes tiempo”

Hasta que empiezas a opositar o percibes esa experiencia de alguien cercano, tiendes a poner las oposiciones al mismo nivel que la selectividad o los exámenes de la universidad. Piensas que es lo mismo, pero con más temario. Y por lo tanto, lo asocias a todos los conceptos que suelen ir unidos a los exámenes convencionales, como por ejemplo, que cuanto más tiempo falte para el examen, con más calma te lo puedes tomar. Craso error.

Hay personas que todavía piensan que mientras las oposiciones no se hayan convocado, no tienes que darte tanta prisa. Supongo que es porque no han visto el volumen del temario o porque creen que las oposiciones se convocan con un año de antelación. La realidad es que para cuando se convocan y se da a conocer la fecha del examen, tú ya tienes que llevarlo muy pero que muy bien. Como la convocatoria te pille a mitad de temario, vas mal.

Así que no, no tengo tiempo solo porque falten nueve meses para el examen. Nueve meses no es mucho tiempo para unas oposiciones –ojalá faltaran nueve. Me faltan cuatro, pero es que ese ejemplo no me servía– . Y no, no puedo tomármelo con más calma solo porque todavía no se hayan convocado. Si estoy estudiando ya, es porque tengo que hacerlo. Porque he calculado la cantidad de horas que le tengo que dedicar en función del temario y de lo que queda para examen, y la cantidad de horas es esta.

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Con nueve meses no me basta

“Estudiar tantas horas a diario es lo peor”

He añadido esto porque me he dado cuenta de que el tinte del texto es demasiado negativo. Supongo que estoy saturada y necesitaba desahogarme. Pero no quiero cerrar esta entrada sin un poco de esperanza. Otra de las cosas que suelo oír sobre las oposiciones (y esta sí, la he oído decir en alto a menudo), es que tiene que ser horroroso eso de estudiar tantas horas al día, a diario y durante meses. Es verdad, es bastante duro. Pero no es lo peor de las oposiciones. De hecho, para mí, puede ser incluso positivo.

Estudiar a diario es difícil y puede ser aburrido, pero también es un reto que te reporta una gran satisfacción cuando lo consigues. Los días que SÍ cumplo con el número de páginas que me he fijado, me siento la reina del mundo. Sufro mucho más por no tener tiempo para ver a mis amigos o porque la ansiedad no me deja dormir, que por tener que estudiar muchas horas al día. Ese hábito, una vez lo has cogido, no es para tanto. También es verdad que va por rachas, que hay semanas que estás más centrado y semanas en las que tu cerebro no funciona. Pero lo cierto es que yo llevo mucho mejor el aspecto del estudio en sí, que los otros aspectos que he mencionado.


Con esta entrada inicio oficialmente la sección “No va de libros”. Sé que tiene un tinte muy visceral y un poco negativo, pero me gusta pensar que los momentos difíciles también pueden generar cosas creativas. Como por ejemplo, una entrada para estrenar sección 🙂

Y antes de que penséis que las oposiciones están acabando conmigo (un poco sí, la verdad), aquí va una realidad un poco más digerible:
Con todo lo que las oposiciones implican, no dejan de ser una experiencia de superación y de conocimiento personal. Es muy difícil, pero como todas las cosas difíciles en esta vida, tiene una gran recompensa. Y no me refiero solo a la meta que alcanzas, sino a todo lo que aprendes en el camino: sobre ti mismo y sobre los demás. Sobre las personas de tu vida, sobre tus capacidades, sobre el tiempo, sobre el esfuerzo y sobre los retos en general.  Y eso también merece la pena.

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2 comentarios en “Lo que todo el mundo piensa de las oposiciones (y es mentira)

  1. ¡Hola Lara! He asumido en mi vida que “todos los dolores son de parto”. Es decir, todas las dificultades esconden lecciones de vida y generan vida.
    Usemos mejor una frase “mía” —es de Richard Bach, me la quedé cuando la encontré—: “No existe ningún problema que no te aporte simultáneamente un don”. Es de su libro Ilusiones.
    Es cierto que en este rincón de tu Bolsillo de Escritora pareces “desahogarte”, pero leyéndote con calma percibo que no te estabas ahogando realmente. No eres el náufrago (perdona el masculino, ocurre que en femenino la palabreja me parece cacofónica) que patalea en el agua, sino la nadadora que sabe dónde agarrarse y cómo nadar en calma. Que sabe dónde está el umbral de la paranoia y se mantiene a distancia de él.
    Además, no mencionas en ningún momento a los que opositan contigo, y eso es muy bueno. Opositas contigo misma, buscando ser mejor que la mejor versión académica de Lara.
    No me gusta la palabra “oposición”, porque creo que una parte del stress que puede generar lo he vivido en la única —oposi… 🙂 en la que participé siendo más joven— es el aspecto competitivo. Me gustaría que llamasen “co-aspirantes”.
    Por último comparto contigo una de esas lecciones de vida que no están en los libros, sino en otros rincones. Es algo que ya destila tu organizado rumbo de vida.
    Lo ha acuñado el entrenador de mi Atleti, Cholo Simeone, pero quizá muchos otros lo han expresado de otras mil maneras. Es una lección extrapolable: “Partido a partido”.
    En el propio nombre de este rincón de tu blog se nota lo concienzuda que eres en tus cosas:
    “No va de libros”
    El subrayado ancho del título, abarcando las comillas, da sensación de robustez, de la “seriedad” sonriente con que navegas. Go ahead! En tu foto de perfil en el blog, ese mechón que cruza tu rostro por la brisa semeja la liana por la que asciendes en tu aventura vital. No lo “peines”.
    🙂

    1. Como siempre, me sorprendes con tus comentarios 🙂 Me anima mucho que no percibas esa sensación de estar ahogándome. Puede que al ponerme a escribir sí me sintiera así, pero creo que la escritura es terapéutica. Según avanzaba por el texto, me iba sintiendo mejor. Y al acabar, pude incluso añadir aspectos algo más positivos. Muchas gracias por tus consejos y por tus ánimos, me vienen muy bien ahora. Es un camino largo (por lo que me cuentas, ya sabes cómo es) y como bien dices, hay que ir paso a paso, partido a partido. En eso estoy. Mil gracias de nuevo por leerme y por todo el apoyo 😉 ¡Veo que he ganado un compañero en Sttorybox! ¡Un saludo!

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