De tomo y lomo: PERDIDA

perdidaOtra fiesta a la que llego muy tarde.

Cuando vi el tráiler de Perdida, poco antes de su estreno, el argumento me llamó mucho la atención pero no llegué a tener ocasión de ver la película. A día de hoy, me alegro mucho de aquello, porque he tenido la oportunidad de leer el libro antes de ver la historia en pantalla -y ya sabemos todos que leer el libro antes SIEMPRE es mejor que hacerlo después o no hacerlo-.

Jamás me habría esperado que Perdida sería así. De habérmelo imaginado, aunque fuera por un momento, habría leído el libro hace mucho tiempo. 

¿Cómo introducir el argumento sin destripar nada y, a la vez, demostrando que no es una historia cualquiera? Difícil, muy difícil.

Digamos que Perdida tiene todas las papeletas para ser una novela negra: hay una desaparición con evidentes signos de violencia, hay algunos sospechosos, hay pruebas, pistas y escenarios de misterio. Pero aparte de eso, tiene algunas características especiales. Está contada en dos tiempos y por dos personas: por un lado, Nick Dunne, el marido de la desaparecida que te relata en primera persona toda la investigación; y por otro lado, Amy, la susodicha esposa perdida, de la que podemos leer fragmentos de su diario, anteriores a la desaparición.

Es una forma fantástica de contar un relato como este. Te brinda la oportunidad de ir recogiendo retazos de realidad aquí y allá, de lo que dice Nick, de lo que dijo Amy, de lo que sintió ella y de lo que piensa él. Construye la narración de una forma muy personal y cercana sin dejar de ser dinámica.

Una empieza a leer el libro y hace la típica-reflexión-de-novela-negra, es decir: “Venga, a ver si adivino quién es el culpable”. Pobre de mí. ¡Creía que podía adivinar ALGO de esta historia de locos!

Tengo que reconocerlo. La autora me la ha jugado muy bien. Normalmente, no se me da mal lo de descubrir al culpable en las películas, series y libros. Cuando escribes (guiones, relatos, novelas, lo que sea) te acostumbras a pensar como un escritor. Y mientras presencias una trama, ya no te limitas a fijarte en lo que parece más probable, sino en lo que quedaría mejor escrito. Piensas “¿Qué habría hecho yo?”. Y tiendes a acertar.

Pero mi método de poca monta no tiene nada que hacer contra las ideas de Gillian Flynn. Para empezar, elaborar una hipótesis en condiciones sobre qué ha pasado con la desaparecida o quién ha tenido la culpa, ya es complicado. Durante varias páginas, el libro te da mil vueltas y nada parece claro: esto es demasiado obvio así que no va a ser, esto es muy rebuscado. Esto que pensaba que era posible ahora parece imposible y esto que me parecía improbable ahora se ve factible. Descarto la primera hipótesis. No, espera, no la descarto, quizá todavía… vale, ahora tengo una hipótesis nueva. Bueno, a ver, no sé, quizá me equivoque. ¿Sabes qué? Volveré a la primera hipótesis. 

¡Y así durante capítulos y capítulos y capítulos!

Y de repente, resulta… que te equivocabas en todo.

De verdad, qué sensación de vergüenza. ¡Vergüenza pura y dura! Sé que suena muy extremo (¿Vergüenza? Tía, estás hablando de un libro, no te vengas tan arriba), pero no encuentro otra forma de calificarlo. Cuando descubrí la realidad de la trama y me di cuenta de lo lejos que estaba de todas mis hipótesis, sentí auténtica vergüenza de mi pésima capacidad de deducción. Después, decidí dejar de martirizarme, convencerme de que eso les habrá pasado a muchos lectores (de ahí el éxito del libro, ¿no?) y que es mejor sentir admiración por la autora, que está claro que ha conseguido lo que muy pocos consiguen: desmontar mentes con su historia.

Lo mejor de todo es que el bombazo en cuestión aparece solo a mitad de libro, y a partir de ahí ya no sabes qué esperar. Te das cuenta de que no puedes hacer hipótesis ni reflexionar al estilo novela negra. Lo único que te queda es dejarte llevar por la historia, desconectar los sistemas y disfrutar. Y ahí empieza lo mejor.

Al margen de lo humillada que me haya sentido por las sorpresas del libro, tengo que reconocerlo: es una novela magnífica. En muchos sentidos. Ya no solo por su capacidad para sorprenderte, sino también por el estilo de la narración, por la autenticidad de la trama y sobre todo, por los personajes. ¡Qué personajes!

¿Te ha pasado que no sabías si amar u odiar a un personaje, y todo lo que te quedaba como termino medio era fascinarte con él? Perdida tiene un poco de eso. Como siempre, me abstengo de dar detalles que destripen la historia, pero lo que sí puedo decir es que los personajes son fascinantes. Alguno más que otro, por supuesto. Gillian Flynn es capaz de transmitir muchas cosas con una misma personalidad, y todas ellas tienen un tinte tan personal y tan auténtico que al final parece que has tenido a los personajes cara a cara todo el tiempo. Y te siguen fascinando. Te cuesta creer que sean “solo” creaciones en un papel y al mismo tiempo te parecen demasiado para ser reales.

Aún no he visto la película, pero de momento puedo decir que el reparto parece obedecer bien a las descripciones del libro (al menos, físicamente). Por otra parte, me han chivado que la autora fue guionista en el filme, así que tengo grandes esperanzas con la fidelidad de la película.

Me quedo con la sensación de que tengo muchísimo más que decir sobre Perdida pero que no puedo, por miedo a que alguien que no ha leído el libro descubra algo por adelantado. Perdida es una historia en la que es mejor no saber nada cuando empiezas.

Ah, y un consejo:

Pasa de teorías e hipótesis de novela negra intentando descubrir al culpable. Limítate a disfrutar del viaje. Te lo dice una especuladora avergonzada.

¿Qué he aprendido de este libro que me ayude a mejorar mi escritura?

Sigo alucinando con los métodos de narración a los que recurren algunos autores. La combinación presente-pensamiento / pasado-diario me ha parecido brillante. Es una forma ideal de hacer que la lectura sea emocionante todo el rato, cambiando de personaje pero sin perder en ningún momento el uso de la primera persona.

Me voy dando cuenta del valor que tienen este tipo de recursos para una buena novela, y sé que tengo que tomar nota de ello.

“Somos un prolongado y aterrador clímax.”

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Próximo libro: La Ciudad de los Hombres Santos
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