De tomo y lomo: LA CIUDAD DE LOS HOMBRES SANTOS

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Tengo un problema con las sagas, y es que lo paso realmente mal cuando llega el momento de terminarlas. Tanto es así, que siempre eternizo la última mitad del último libro, dosificando la lectura diaria hasta niveles extremos. Al final, tardo muchísimo tiempo en acabar la saga… ¡pero porque no quiero acabarla! 

Esto es algo que no me pasa con los títulos individuales, y no es que no me dé pena terminarlos. Pero es distinto. Cuando te enganchas a una saga, sientes que llevas años acompañando a sus personajes y sumergiéndote en ese argumento. Y cuando tienes que despedirte para siempre (asumiendo a regañadientes que no habrá más continuación), te sientes como huérfana. ¿Qué hacer ahora?

También es verdad, en mi opinión, que ese sentimiento de orfandad que te deja la saga es directamente proporcional a la calidad de la misma. Y qué queréis que os diga, a mí Los Buscadores me ha dejado muy, pero que muy, huérfana. Todo el tiempo que he tardado en finalizar La Ciudad de los Hombres Santos ha sido un reflejo de mi psicosis constante por alargar la lectura y aplazar su final.

Pero bueno, vayamos por partes. Estoy aquí, que si Los Buscadores, que si La Ciudad de los Hombres Santos, y a lo mejor no sabes ni de qué estoy hablando (ya te vale). Bien, pues Los Buscadores es una trilogía de aventuras que, como ya he dicho muchas veces, es imprescindible para cualquier persona a la que le guste el género. Tiene todos los ingredientes para mantenerte enganchado desde el principio hasta el final, además de unos personajes fascinantes y un mensaje enorme.

Si quieres saber más sobre ello, aquí te dejo los comentarios de la primera y la segunda parte: 

Y es que Los Buscadores es de esas sagas. Sí, de esas que te hacen sentir como si conocieras a sus personajes de toda la vida, sin dejar, por ello, de sorprenderte con sus aventuras. De esas en las que todo va ganando misterio a medida que avanza la historia, creándote sed de respuestas con cada nueva pregunta, y de nuevas preguntas con cada respuesta hallada. De esas que van subiendo de nivel, siempre hacia arriba.

Y no es fácil crear una saga que vaya siempre hacia arriba. De hecho, en el caso de las grandes trilogías, yo siempre he tenido la sensación de que tanto en el cine como en los libros, el esquema era más o menos el siguiente:

1ª parte: Me encanta me encanta me encanta. 
2ª parte: Creía que me iba a encantar tanto como la primera, pero me ha decepcionado. 
3ª parte: Pensé que la habían pifiado al hacer una tercera parte después del fiasco de la segunda pero… ¡Qué narices, esta es mucho mejor! ¡Diría que casi mejor que la primera!

¿No te ha pasado eso con un montón de trilogías famosas?

Sí, ¿verdad?

Bueno, pues con Los Buscadores no te va a pasar. Porque Los Buscadores va siempre hacia arriba. Y no es que empiece mal, que empieza muy bien. Pero la continuación es mejor. Y el final es fantástico. Como en toda buena saga, vas creciendo poco a poco con los personajes y al final todo tiene mucho más significado del que se espera al principio.

En La Ciudad de los Hombres Santos, Tirso -el protagonista de la trilogía- culmina todas sus búsquedas, las que sabía que tenía y las que no. Y por culminar, puedes entender lo que quieras, pero lo mejor es que te lo leas y te ahorres las dudas. Esta tercera parte de la saga, como el resto de la historia, vuelve a enseñarnos el verdadero sentido de la búsqueda, que en el primer libro creímos que habíamos pillado del todo pero nos equivocamos, y en el segundo parecía que ya sí que sí, pero no. Hasta que no culmina todo, hay muchas cosas que se te escapan.

También es La Ciudad de los Hombres Santos donde terminas de enamorarte de los personajes. La evolución del protagonista a lo largo de toda la saga es probablemente una de las mejores cosas de Los Buscadores, pero si te fijas en cada una de las personalidades de la historia por separado, te llevas más de una sorpresa.

En cuanto al argumento, en fin. Como en todas las buenas historias que se prolongan por volúmenes, al final nada es lo que te esperas. La Ciudad de los Hombres Santos es la parte más espectacular de la trilogía, pero también, la más personal. Porque el misterio y la aventura no están reñidos con lo que llevamos dentro, sino al contrario: todo va unido.

Cuando abordas una saga como la de Los Buscadores, te esperas que todo sea movimiento, acción, aventura, misterios por resolver, capítulos emocionantes y mucha actividad. Supongo que son los conceptos que tenemos asociados, por defecto, a un género como el de aventuras. Pero nada más lejos de la realidad, al menos con esta trilogía. En todas las partes de Los Buscadores, y sobre todo, en La Ciudad de los Hombres Santos, te das cuenta de que un relato de aventuras puede llevar consigo mucho más que acción y movimiento. Puede transmitir un mensaje, puede crear emociones y puede apelar a tu parte más sentimental, sin necesidad de caer para nada en convencionalismos.

Hablando de lo convencional, ahí quiero hacer una pequeña mención. Ahora que lo miro con perspectiva, me doy cuenta de que Los Buscadores está lleno de recursos clásicos del género de aventuras, que algunos podrían considerar tópicos, pero que yo he percibido, sin duda, como auténticos homenajes. No puedo concretar a qué momentos de la trama me estoy refiriendo porque no quiero destriparlo, pero lo descubrirás por ti mismo. Sin embargo -y aquí viene lo importante-, precisamente donde esperas que el libro no te sorprenda para nada y acabe cayendo en lo más convencional, justo ahí, pasa algo que no te esperas. Que quizá no te lo esperas porque es aparentemente imposible o porque se sale por completo de nuestra lógica realista. Pero en cualquier caso, no te lo esperas, y aún así, pasa.

Y supongo que esa es la magia de los buenos libros y mi parte favorita de la lectura: que todo es posible.

Sabiendo esto, y ahora que los lectores de Los Buscadores nos hemos quedado “huérfanos” de historias, solo nos queda hacer lo que hemos aprendido durante todo este tiempo:

Seguir buscando.

¿Qué he aprendido de este libro que me ayude a mejorar mi escritura?

Ahora es cuando Lara quiere profundizar en lo que decía sobre lo convencional pero se vuelve loca intentando explicarlo sin destripar el argumento a nadie. 

Creo que se podría decir que en La Ciudad de los Hombres Santos se le da la vuelta al concepto de “convencional”. Y se le da la vuelta en el sentido de que parece tan tan convencional, que al final se pasa y se convierte justo en lo contrario. El libro está lleno de referencias clásicas y recursos habituales del género de aventuras; y cuando piensas que ya conoces el esquema del libro y que todo va a estar muy claro, resulta que todo se da la vuelta.

Quizá los escritores (y los creadores de historias en general) nos obsesionamos mucho con no recurrir a los tópicos y con sorprender al lector. Tanto, que a veces caemos en finales forzados o respuestas a medias. Por ejemplo, si estás creando un relato de suspense y quieres que el asesino sea alguien que nadie se espera, te obsesionas tanto que acabas poniendo alguna barbaridad, como que el asesino sea el perro. Y al final no te importa si tiene sentido o no, lo que te importa es que el lector se sorprenda. Gran error.

Por seguir con la metáfora, digamos que en La Ciudad de los Hombres Santos, el asesino es el mayordomo, como siempre, y todos pensamos que el convencionalismo se va a mantener por consecuencia. Pero resulta que no, que en el último momento, la historia ha mantenido ese convencionalismo, ha hecho que bajaras la guardia, y al final le ha dado la vuelta a todo y lo que ha cambiado no es el asesino, sino la víctima. ¿Me explico?

En fin, que lo que puedo aprender de este libro, es que tenemos que dejar de obsesionarnos con salirnos del molde para sorprender a todos. Y que a lo mejor, en vez de cambiar y sorprender en lo que todo el mundo se está preguntando, deberíamos cambiar y sorprender en lo que todo el mundo da por hecho. Porque oye, cuando se trata de escribir, nada es imposible.

“Regresa.”


Haz clic aquí para leer la sinopsis completa del libro.

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3 comentarios sobre “De tomo y lomo: LA CIUDAD DE LOS HOMBRES SANTOS

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