Todo comienza con una idea

4 cosas que debes saber para cuidar e impulsar tus ideas como escritor

bombillas

Todas las cosas importantes que ha hecho el ser humano han empezado siendo algo muy pequeño. Tan pequeño como una idea.

El concepto de idea es algo simple pero con mucho potencial: una idea puede quedarse solo en un pensamiento, en un planteamiento fugaz o en un comentario curioso y no llegar a más. Pero también puede convertirse en una realidad enorme que acabe dando la vuelta al mundo. 

Aunque te cueste creerlo, todas las grandes historias que conoces han empezado siendo algo diminuto. Una lucecita en la cabeza de su autor, un “¿Y si…?” temerario, un minuto de duda en el que alguien se ha cuestionado algo. En su momento, no eran más que eso: una idea. Pero sus creadores, autores o escritores, fueron capaces de sacarla adelante, de darle forma y acabar convirtiendo ese algo diminuto en una trama fascinante.

¿Sabes lo que eso significa? Significa que esa pequeña idea que tienes en mente, por muy enclenque e irrelevante que te parezca ahora, también puede convertirse en algo grande. Porque todo comienza con una idea.

Por todo ello, en esta entrada, quiero recordarte lo importante que es cuidar cada idea que tengas, y darte algunos consejos para no desperdiciar ni una pizca de su potencial.

1. Apunta todas tus ideas

Como dice Javier Ruescas: “Las ideas, se tienen. Las historias, se construyen”. Esto significa que una idea no es algo que puedas crear por voluntad propia del mismo modo que harías a la hora de construir una historia. La idea viene sin más, la historia es lo que tú elaboras a partir de esa idea.

Es por eso que debes estar siempre atento a la aparición de nuevas ideas. Como ya comenté hace tiempo en “Hábitos recomendables para el escritor”, lo aconsejable es que siempre lleves contigo una libreta -ya sea física o en el móvil- en la que puedas apuntar cada cosa que se te ocurra. No importa si en ese momento te parece algo insignificante y sin importancia. ¡Apúntalo! ¡Podría convertirse en algo grande! Del mismo modo, no des por hecho que la idea es tan interesante o te tiene tan entusiasmado que no se te va a olvidar: créeme, se te puede olvidar. Ante la duda, la libreta siempre a mano.

2. Jamás deseches una idea que has tenido

Pero jamás, en serio. Aunque ahora te parezca una estupidez, aunque estés seguro de que ya se ha hecho algo muy parecido, aunque no te sientas capaz de llevarla a cabo: guárdala. Puede que en unos años puedas rescatarla, mirarla con otra perspectiva y convertirla en algo interesante. O puede que se te acabe ocurriendo un formato innovador que resuelva el problema de que la idea ya está vista. O puede que más adelante te veas con energía y ganas de sobra para realizarla.

Nunca sabes en qué puede convertirse tu idea, así que pase o lo que pase, no la tires. Puedes guardarla en un cajón durante el tiempo que haga falta, hasta que se te ocurra una manera de continuarla o simplemente hasta que te sientas preparado para trabajar en ella. No te imaginas la cantidad de ideas que en el momento en que las tuve, me encantaban, pero no me sentí capaz de ponerlas en marcha: sentía que en ese momento me superaban. Pero están guardadas, en reserva, y año tras año voy sintiéndome un poco más preparada y un poco más cerca de recuperarlas y ponerme a trabajar en ellas.

Otro consejo práctico en este punto es que tengas algún lugar destinado a guardar todas tus ideas. Yo tengo un cuaderno de Paperblanks donde las apunto todas, aunque no tengan nada que ver entre sí. Así sé a dónde recurrir si quiero ponerme a trabajar en algo nuevo.

3. Las ideas pueden tener muchas formas

Para un escritor, una buena idea no es necesariamente una trama que enganche o que sorprenda. Hay mil maneras de crear algo nuevo en literatura, y no tiene por qué ser el contenido.

  • El formato: Escribir una novela en forma de diario o a través de cartas fueron ideas innovadoras en su momento. Como los autores que tuvieron esas ideas, tú también puedes pensar en un formato nuevo que te permita reinventar la forma de leer una historia.
  • El mensaje: A veces, lo que nace como una pequeña lucecita no es una estructura ni un argumento, sino un objetivo. Puede ser el de concienciar al mundo sobre una realidad que conoces y que aún está muy silenciada, o puede ser el de crear un nuevo tema de reflexión para los lectores. Si ya sabes el mensaje que quieres mandar, tienes parte del trabajo hecho.
  • La estructura: En su tiempo, las historias se contaban de principio a fin, con una estructura temporal muy definida. Sin embargo, en algún momento, algún creador tuvo la idea de empezar una historia por el final, y hoy en día hay muchísimos escritores que juegan con el tiempo en sus tramas. No lo dudes, tú también puedes reinventar el tiempo o la estructura de tu argumento.
  • La perspectiva: Del mismo modo que puedes jugar con el tiempo, también puedes jugar con la perspectiva del narrador. Quizá se te ocurra un tipo de narrador o una técnica para el mismo que no se haya utilizado mucho. ¡No te cierres a nada!
  • La historia: Por supuesto, el contenido. Es la forma que tienen la mayoría de las ideas y es lo que más nos inspira a seguir creando una vez tenemos la base. La historia, a la hora de la verdad, lo es todo. Puedes tener grandes ideas en el formato, el mensaje, la estructura y la perspectiva, pero siempre necesitarás completarlas con una historia.

4. Pues claro que ya está inventado: ¿Y qué?

Muchos creadores se sienten paralizados a la hora de impulsar sus ideas y construir una historia porque piensan que ya ha habido tramas parecidas antes. A la hora de la verdad, prácticamente todo está creado. Yo siempre he pensado que, en realidad, solo existen cuatro o cinco tramas básicas que hemos ido combinando y transformando en cada época, y que así seguirá siendo siempre. ¡Y no pasa nada!

Sería una presión insoportable eso de vivir pensando que tienes que inventar algo que no tenga absolutamente ningún precedente, que no se parezca en ningún sentido a nada que se haya creado antes, que sea completamente nuevo en todo. ¡Eso es imposible! Todas nuestras ideas vienen de algún sitio: de lo que hemos visto, de lo que hemos leído, de lo que hemos aprendido o de lo que hemos soñado. Y aunque nuestra imaginación no tiene límites, sí suele tener referentes.

Así que no te preocupes si sientes que tu idea no es algo completamente innovador. A la hora de la verdad, casi ninguna lo es. Lo importante es que sepas contarla de una forma diferente, combinarla con algo nuevo o darle un toque auténtico y personal para diferenciarla del resto. Eso es lo que la hace tuya y lo que la hará única.

Y recuerda:

Cuida mucho tus ideas, porque con ellas empieza todo.

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