Guía para construir una historia, parte III: Argumento

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Crear el argumento es el trabajo más grande que llevarás a cabo a la hora de construir una historia. Es un proceso largo y puede ser difícil, pero no te dejes intimidar. Lo más recomendable es que te organices y enfoques cada fase por separado. No lo concibas como un única acción: la elaboración del argumento se compone de muchos pasos, y es aconsejable que vayas uno por uno. En esta entrada puedes aprender a abordar este trabajo sin agobios ni complicaciones innecesarias. 

Y por si quieres acceder a las partes anteriores de la Guía Para Construir Una Historia antes de seguir leyendo, aquí tienes los enlaces:

Esquema o escaleta de la historia

El primer paso es crear un esquema en el que puedas organizar tu historia por partes. No es que esto sea indispensable. Evidentemente, puedes improvisar y dejarte llevar por la trama según la vayas creando. Hay muchos escritores que trabajan así. Pero eso, aunque tiene mucho encanto, conlleva también mucho riesgo: si te quedas en blanco o te bloqueas en algún punto de la historia, no tendrás nada para guiarte. Además, tener toda la trama decidida desde el principio es la mejor forma de asegurarte de que la historia te pertenece al completo.

La elaboración del esquema o la escaleta puede ser un proceso más largo de lo que parece. Algunos escritores pasan más tiempo trabajando en esta parte que en la propia redacción de la historia -sobre todo cuando se trata de una novela-, porque necesitan encajar correctamente todos los acontecimientos de la trama y asegurarse de que tienen claro cada paso que van a dar. Tómate todo el tiempo que necesites. Cuanto más elaborado esté tu esquema, menos te costará trabajar en la redacción después.

Estos son los pasos básicos a seguir a la hora de crear la escaleta:

1.- Elabora un breve resumen de tu idea

Antes de ponerte a trabajar a fondo en la escaleta, tienes que tener clara la idea básica. Escribe una breve sinopsis o resumen en la que cuentes en qué consiste tu historia. La extensión del resumen dependerá del tipo de obra que vayas a crear.  Puede ser de media cara si se trata de un relato breve, o de un par de páginas si se trata de una novela.

Para que te sirva de guía, imagínate que tienes que contarle a un amigo de qué va tu idea para la historia en solo un email. No puedes poner todos los detalles que tienes en mente, pero el resumen debe ser completo y transmitir lo más importante de la trama.

2.- Divide tu historia en las tres fases principales: Introducción, nudo y desenlace

Es un clásico, y eso se debe a que funciona. Con este sencillo esquema te aseguras de que la trama tiene sentido y coherencia: comienza de una manera, se desarrolla y finaliza. Asegúrate de que conoces, aunque sea a grandes rasgos, todo lo que ocurre en cada una de esas fases, y continúa solo cuando lo tengas claro.

3.- Redivide cada fase principal

Una vez que ya tienes separadas la introducción, el nudo y el desenlace, elabora cómo se desarrolla cada una de esas partes. Cómo empieza, cómo avanza y cómo termina.

Evidentemente, dentro de cada fase, no habrá un esquema tan definido de principio-desarrollo-final como cuando dividiste toda la trama, pero seguro que puedes localizar las partes en las que la intensidad del argumento cambia.

4.- Haz un mapa de capítulos

Divide cada una de las partes anteriores en capítulos y decide qué va a pasar en cada uno de ellos. Se trata de que lo tengas claro en general, recuerda que no te has puesto a redactar la novela todavía. Incluye los acontecimientos principales, y si se te ha ocurrido algún diálogo o descripción que te guste, puedes incluirlo para tenerlo hecho por adelantado.

5.- ¡A escribir!

Ya tienes tu historia construida y un esquema que te servirá de guía para los momentos en los que te atasques o no recuerdes cómo seguir. Aprovecha todas las facilidades que esto te supondrá. Ahora, por fin, puedes ponerte a escribir y dejar que los dedos sobre las teclas engendren algo grande.

Consejos generales para escribir

No todo es cosa de elaborar una escaleta y tener claro el argumento. De cara a ponerte a escribir, hay muchos consejos que te ayudarán a mejorar la redacción y la calidad del texto. Estos consejos sí valen para cualquier tipo de historia, tenga la extensión que tenga, sea cual sea su género e independientemente de cómo haya sido creada.

Simplifica y sé claro: Complicarse en exceso, perderse en las descripciones o torcer el argumento hasta hacerlo excesivamente enrevesado, son algunos vicios frecuentes entre los escritores. Hablo, evidentemente, de complicar la narración innecesariamente y no porque lo pida el género o la trama. Ten en cuenta que escribes para que te lean otros, y que lo que estás creando debe ser comprendido por todo el mundo. Por la misma razón, es importante que seas claro en la narración. Comprueba que tu texto no da lugar a la malinterpretación y que la historia no confunde al lector -a menos que ese sea precisamente tu objetivo para la experiencia de lectura-.

Cuida la ortografía: Parece evidente y puede que me odies por haber tenido que decirlo, pero aún a día de hoy, leo relatos y creaciones en los que se cuela alguna falta de ortografía. No a todo el mundo se le da bien esa parte de la escritura, y no pasa nada. La ortografía no está reñida con la creatividad. Pero antes de dejar que tu escrito vea la luz, comprueba mil veces que la ortografía es correcta. Tienes esta idea más elaborada en otra entrada que escribí hace tiempo.

Genera empatía: La empatía es un valor añadido en cualquier creación artística: en una película, en un cuadro, en una obra de teatro, en una novela o en una canción. Lo sabemos. Si te sientes identificado, te gusta más. Muchos autores recurren al género realista para conseguir esto, pero hay mil maneras de provocar empatía con una historia. Aportándole humanidad, profundizando en sensaciones cotidianas o basándote en alguna referencia real. Lo que nunca falla es que tú mismo consigas sentirlo al escribirlo. De esa manera, te costará menos transmitir lo que tienes en mente.

Cuida la continuidad: Asegúrate de que todo el desarrollo de la historia tiene coherencia, continuidad y sentido. Parece obvio, pero a menudo caemos en el error de concebir la trama como algo estático, sin movimiento ni fluidez. Y recuerda que no es así: siempre debe haber una evolución y una continuidad. Ten en cuenta esto, sobre todo, si vas a hacer saltos de tiempo o cambios de narrador: en estos casos, debes tener el doble de cuidado a la hora de tratar la continuidad de la historia.

Aprende a cambiar de ritmo: En estrecha relación con la idea de continuidad, tenemos la idea de ritmo. La mayoría de las historias están compuestas de numerosos cambios de ritmo en su desarrollo. Ojo, no hablo de romper la continuidad ni de forzar el estilo, sino de amoldarte a lo que está pasando en el argumento. La narración no tendrá el mismo ritmo si estás contando una persecución que si estás describiendo una despedida dramática. Tenlo en cuenta.

No tengas miedo de que la historia te lleve: Aunque insisto mucho en tenerlo todo decidido y en elaborar un esquema que te sirva de guía, eso no significa que debas ceñirte a un sistema cerrado que podría coartar tu creatividad. Una vez tienes claros los puntos principales de tu historia, puedes dejarte llevar todo lo que quieras. De hecho, no solo puedes: debes. Disfrutarás del proceso, crecerás con la historia y te sorprenderás a ti mismo.

La fase de documentación

Aunque ya escribí hace tiempo una entrada haciendo referencia a la fase de documentación -en un momento de mi vida en el que prácticamente me estaba peleando con dicha fase-, voy a rescatar esos conocimientos y a añadir algunos nuevos para esta guía.

Cuando digo “documentarse” me refiero a todo lo que implique buscar información para tu historia: ya sea a través de Internet, en una biblioteca o en una base de datos, o incluso a través de entrevistas y testimonios de otras personas. En todos esos casos, te estás documentando.

Documentarse es un trabajo necesario en casi todos los tipos de historias. Lo es, sobre todo, en las tramas largas y elaboradas como novelas, pero también puede ser crucial para un simple relato, dependiendo de cuál sea la temática del mismo. Por eso, creo que es importante hacer mención a esta fase del proceso de escritura.

Hay diferentes formas de abordar la fase de documentación. Puedes documentarte antes de empezar la historia, y asegurarte de que has recopilado toda la información necesaria previamente a elaborar la trama como tal. Si la documentación que requieres es más limitada y concreta, puedes esperar a haber terminado la escaleta, y así tienes una idea clara de qué es exactamente lo que tienes que buscar. La última opción -y en mi opinión, la menos recomendable-, es documentarte cuando ya estás escribiendo la historia. A menos que se trate de un relato muy breve que apenas precise documentación, o a menos que la vayas a utilizar muy poco y a nivel anecdótico, dejar la documentación para tan tarde es arriesgado, y puede afectar a la calidad y la coherencia de tu historia.

En cualquier caso, te aconsejo que te hagas una “Lista de documentación” en la que puedas incluir:

  • Qué información vas a buscar exactamente
  • Dónde la vas a buscar y en qué orden
  • Qué contactos o bibliografía vas a necesitar
  • A qué medios puedes acceder para conseguir la información

También te recomiendo qué incluyas las fechas aproximadas en las que vas a hacer cada cosa: qué día vas a entrevistar a cierto contacto o qué día vas a la biblioteca a por cierto archivo. Así no lo vas dejando.

La importancia del final

Aunque ya he explicado cómo puedes organizar y elaborar el argumento, el final es una parte crucial de toda historia y por eso merece un título aparte en esta guía. Puedes haber creado una historia buenísima que impacte a todo el mundo, pero si le das un mal final, la calidad baja escandalosamente. Tampoco quiero asustarte: recuerda que no debes dejar que la presión limite tu creatividad. Sé siempre fiel a lo que  quieres crear.

En cualquier caso, es importante que cuides esta parte de la historia, porque es la que lo va a cerrar todo, la que va a decidir con qué sabor de boca se quedan los lectores y la que va a definir gran parte de la esencia de lo que has creado.

Es difícil generalizar a la hora de dar consejos con respecto al final, pues pienso que el método, en este caso, depende mucho del tipo de historia que hayas escrito, y sobre todo, de la extensión de la misma. En un relato muy breve, sí se te permite dejarte llevar por el desarrollo de tu creación y elegir el final sobre la marcha. Es una de las pocas veces en las que la historia puede decirte a ti cómo escribir, y no al revés. Sin embargo, si vas a elaborar una novela o una historia larga, tienes que tener el final decidido desde el principio. No pasa nada si haces cambios a lo largo de la trama o si en el último momento decides meter algún pequeño giro que antes no tenías en mente. Eso es bueno, forma parte del proceso. Pero pase lo que pase, debes tener decidida la idea básica de tu final y ceñirte a ella si quieres que la historia tenga sentido.

Además, a la hora de decidir qué vas a hacer con el final, te aconsejo que no te rijas por cualquier criterio. Sobre todo, no te dejes llevar por “lo que más sorprenderá al lector” ni por “el final más dramático que pueda haber”, ni similares. Estos son criterios superficiales que pueden cargarse toda tu historia. Es mejor que te preguntes qué final envía el mensaje que tú querías transmitir desde el principio, o qué final encaja con los personajes que has creado. Ante todo, sé fiel a tu idea inicial, a tu creación y a la esencia de tu historia.

Verdades que debes tener en cuenta cuando ya te has puesto a escribir

Supongamos que ya has hecho todo lo que está contemplado en esta guía. Has tomado las decisiones básicas, has construido todos los personajes y has elaborado el argumento, con su escaleta y su mapa de capítulos. En principio, ya has recorrido una parte importante del camino, pero aún te queda lo fundamental: escribir.

Y mientras escribes, todavía pueden surgir algunos obstáculos o dudas, por muy controlado que lo tengas todo. Por eso, voy a dedicar estos últimos párrafos a recordarte algunas verdades necesarias que debes tener siempre muy presentes.

Escribir es un trabajo

Puede que no te estén pagando ahora mismo por hacerlo, pero si pretendes ganarte la vida con ello algún día, debes concebirlo como un trabajo desde ya. Por lo tanto, te aconsejo ponerte un horario en el que te asegures de dedicarle tiempo a la escritura de manera regular y, sobre todo, que seas estricto a la hora de cumplirlo. También puedes fijarte fechas límite para acabar un capítulo o corregir otros. Tómatelo muy en serio, merece la pena.

Bloquearse es humano

Sí, lo tenías clarísimo. Sí, parecía que ya estaba hecho. Pero ahora que te queda el último empujón para terminar, te has bloqueado. No te angusties, es normal. Hasta los escritores más veteranos se bloquean. Respira hondo, no te agobies y date tiempo. Pero sobre todo, no abandones: bajo ningún concepto dejes que el bloqueo pueda contigo. Y si quieres hacer algo más al respecto, puedes echarle un vistazo a estos 8 consejos para seguir adelante cuando te has bloqueado.

Lo que tú no ves, lo pueden ver otros

Sé que esto es difícil para algunas personas -y lo entiendo, porque también es difícil para mí- pero de verdad, créeme: es bueno que otros lean tus historias. Y no me refiero a leerlas cuando ya están terminadas y pulidas, listas para el público. Me refiero a que las lean cuando están en su peor momento, cuando todavía estás en el primer borrador o te falta esto o aquello, cuando te queda aún un largo camino por delante. Enseñar tus primeras versiones a gente de confianza puede ayudarte a ver detalles (buenos o malos) que no habrías visto por ti mismo, y muchas mejoras de tu texto pueden venir precisamente de la opinión de los demás. Eso sí, elige bien a quién vas a enseñar tu creación y asegúrate de no difundirla por dónde no debes.

El primer borrador de algo siempre es una mierda

No lo digo yo, lo dice Ernest Hemingway. Bueno vale, el “siempre” lo he añadido yo, para darle más dramatismo. Es una cita que me pareció muy negativa la primera vez que la leí, y sin embargo, ahora me motiva muchísimo. Porque esa cita aparentemente desalentadora está llena de verdades bonitas. La primera, que aunque estés empezando y sientas que lo que tienes no vale nada, eso no significa que no vaya a ser grande en el futuro. Persevera, trabaja en ello, y lo comprobarás por ti mismo. La segunda, que no debes tener miedo al cambio. Desde tu primer borrador hasta tu última versión pueden pasar mil cosas, y la mayoría de ellas serán buenas, así que deja que pasen. Y la tercera y muy importante: si el mismísimo Ernest Hemingway lo ha pensado, tú también puedes pensarlo y aun así triunfar.

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Fíjate si me motiva, que la tengo de fondo de pantalla en el portátil.

Con esto termina, ahora sí que sí, la Guía Para Construir Una Historia. Espero que te haya sido útil y que de aquí puedas sacar las herramientas necesarias para ponerte a escribir. Eso sí, no olvides que la herramienta más valiosa y más importante para eso eres tú mismo. Y una vez más, te invito a que comentes cualquier detalle que se me haya podido escapar o cualquier punto que quieras añadir. Así terminamos la guía entre todos.

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4 comentarios sobre “Guía para construir una historia, parte III: Argumento

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