De tomo y lomo: HARRY POTTER Y EL LEGADO MALDITO

HarryPotterlegado.jpgMucho estaba tardando yo, veterana potterhead, en subir una reseña de la última creación del universo Harry Potter. Sí, lo sé, El Legado Maldito no forma parte de la saga ni está escrito por J. K. Rowling, aunque la idea original sea suya. De hecho, ni siquiera es una novela, sino el guion de la obra de teatro que se ha estrenado este año. Pero en cualquier caso, forma parte de las muchas maravillas que componen el mundo de Harry Potter, y con eso me basta y me sobra para entusiasmarme.

En Harry Potter y el Legado Maldito nos encontramos con los protagonistas diecinueve años después de las Reliquias de la Muerte. Es decir, justo donde nos dejaron al final de la saga: con Harry, Ginny, Ron y Hermione ya adultos, llevando a sus hijos al expreso de Hogwarts, donde podrán empezar su propia aventura. Y de eso va precisamente El Legado Maldito, de la aventura que empiezan los hijos. En este caso, los protagonistas serán Albus Severus Potter (hijo de Harry y Ginny) y Scorpius Malfoy (¿Os esperabais que la coprotagonista fuera la hija de Ron y Hermione? Pues va a ser que no). Albus descubrirá que ser hijo del famoso Harry Potter no es nada fácil, y se meterá en un buen lío cuando decida tomarse la justicia por su mano, haciéndose con un giratiempo para salvar una de las vidas que Lord Voldemort se cobró en el pasado. Sí, el argumento promete bastante, y te puedo asegurar que ya desde el principio hay más de una sorpresa.

Ahora bien, no todo van a ser cumplidos. Si bien me cuesta mucho decir algo malo de la saga Harry Potter -me cuesta hoy, hace unos años me era imposible-, con esta obra he sido capaz de mostrar un espíritu un poco más crítico. Que los fans somos entusiastas, pero también somos exigentes.

Para empezar, no os voy a engañar: se nota mucho que Harry Potter y el Legado Maldito no está escrito por J.K. Rowling. Por mucho que la idea y el argumento puedan haber salido de su mente (y por eso son buenos), el estilo es completamente distinto a lo que estamos acostumbrados a ver en la saga. Eso no significa que sea peor, pero a mí, por lo menos, no me gusta tanto. Puede que haya tenido algo que ver el hecho de que no se trate de una novela, sino de un guion. El formato hace que no se pueda profundizar tanto en lo que piensan y sienten los personajes, y que casi todo haya que contarlo con diálogo y gestos. Entiendo la dificultad de esto, pero sigo pensando que ni siquiera los diálogos serían así si los hubiera escrito Rowling.

Por otra parte, imagino que los creadores son muy conscientes de lo fácil que es apelar a la nostalgia de los fans de esta saga. Nosotros, que hemos crecido leyendo los libros y viendo las películas, que nos hemos disfrazado con túnicas de magos y hemos soñado con que una majestuosa lechuza nos hiciera llegar la carta de Hogwarts. Ahora somos un poco más mayores y echamos de menos fascinarnos con esta historia, así que toda reminiscencia es bienvenida: los fanfics, los tests de Pottermore, los parques temáticos, las películas de Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos y por supuesto, la obra de Harry Potter y el Legado Maldito.

Pero tampoco hay que pasarse, que a veces son muy descarados. Que lo de los giratiempos es un recurso muy fácil para volver al pasado y recuperar personajes grandiosos que los fans dábamos por perdidos y que echábamos de menos; pero ya he oído decir a más de uno que ese tipo de estrategias suenan un poco a nostalgia fácil, y admito que tienen parte de razón. Yo, personalmente, he vivido muy intensamente todos los momentos de morriña y no me quejo. Pero entiendo que algunos lectores esperaban algo más.

Por otra parte, pasando a los aspectos más positivos, no puedo hacer otra cosa que aplaudir a los nuevos personajes: los hijos de los protagonistas de la saga. Me preocupaba que fueran sumamente parecidos a sus progenitores, que topásemos con algo así como un mini-Harry, una mini-Hermione y un mini-Malfoy que habían venido para despertar más aún la añoranza fácil. Pero nada más lejos de la realidad. Los personajes nuevos son auténticos y se salen de cualquier molde que tuviéramos preparado para ellos. Según empieza la obra, nos encontramos con que Albus está muy lejos de hacer justicia a los muchos campos en los que destacaban sus padres, y que Scorpius, contra todo pronóstico, nos hace redescubrir el nombre de los Malfoy por completo. Tengo que admitirlo, Scorpius es mi personaje favorito -y quién me lo iba a decir con lo mal que me caían su padre y su abuelo-. Hay más hijos y más sorpresas, pero no quiero destripar el argumento a nadie.

Y si nos olvidamos de que estamos hablando del universo Harry Potter (aunque nos cueste), todavía podemos sacar mucho del Legado Maldito. Como todas las ideas de esta autora, la obra tiene muchísimo mensaje: habla de la amistad para los más pequeños y de la familia para los mayores, habla del bien y del mal, de la vida y de la muerte, de la justicia -o mejor dicho, de la injusticia- tanto en la vida como en la muerte y de lo duro que es crecer incluso cuando ya has crecido. Pero sobre todo, creo que habla de la imperfección, de los errores, de lo relativos que son tanto nuestros éxitos como nuestros fracasos en un mundo en el que lo mejor para unos puede ser lo más doloroso para otros. Lo cierto es que para ser una pequeña historia en un contexto tan grande y para ser una sola obra que sigue a toda una serie de novelas, Harry Potter y el Legado Maldito tiene muchísimo que contarnos.

Con todo, e intentando no dejarme llevar por el entusiasmo, soy consciente de que Harry Potter y el Legado Maldito no está ni cerca de ponerse a la altura de la saga original. De hecho, puede que ni siquiera lo pretendiera. Y es que mantener el nivel después de varios años y cuando las expectativas están por todo lo alto, no es nada fácil. Quizá solo querían darle un toque diferente al universo Harry Potter, saciar la sed de novedad de los fans -que no nos cansamos nunca- y recuperar una pequeña parte de lo que crearon en su día.

A la hora de la verdad, me quedo con la tremenda experiencia de descubrimiento que ha supuesto volver a leer algo oficial de la saga Harry Potter: con todo eso que pensé que no volvería a sentir cuando terminé las Reliquias de la Muerte, con la expectativa de ver las portadas en los escaparates y con las ganas de seguir leyendo, de avanzar más, de descubrir lo que va a pasar cuando todavía no te lo imaginas. Creo que solo por eso, ya me resulta difícil ser más crítica con esta pequeña obra.

¿Qué he aprendido de este libro que me ayude a mejorar mi escritura?

Estamos hablando de una obra de teatro, lo que implica que los consejos para relato o novela que puedo entresacar son más escasos que de costumbre. Sin embargo, me quedo con la autenticidad de los personajes: la mejor manera de hacer que un personaje sea auténtico, cercano y real, es haciéndolo imperfecto. Albus nos sorprende a todos siendo muy diferente al héroe de nuestra infancia, y paradójicamente, eso hace que nos guste todavía más. Como él, muchos nuevos personajes se salen de lo esperado y le dan frescura al argumento, así que también podemos tomar nota de eso.

“Es como si nos hubieran puesto a todos a prueba… y todos hubiéramos fracasado.”

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