De tomo y lomo: LA LECCIÓN DE AUGUST

9788415594024“Sé que no soy un niño de diez años normal. Bueno, hago cosas normales: tomo helado, monto en bici, juego al béisbol, tengo una XBox… Supongo que esas cosas hacen que sea normal. Por dentro, yo me siento normal. Pero sé que los niños normales no hacen que otros niños normales se vayan corriendo y gritando de los columpios. Sé que la gente no se queda mirando a los niños normales en todas partes.” 

August nunca ha ido al colegio; siempre ha estudiado desde casa. El motivo principal es que debido a varios problemas de nacimiento, ha pasado gran parte de su infancia sometiéndose a operaciones. El otro motivo, el que no se dice en voz alta, es que su cara lo hace distinto a los demás. Por eso, August se ha acostumbrado a vivir feliz en su pequeño mundo, con su familia, su perrita, sus cómics, sus películas y sus videojuegos. Pero a los 10 años, los padres de August deciden que debe empezar a ir al colegio, y allí tendrá que enfrentarse a uno de los mayores retos de su vida.

La Lección de August es la primera novela de R.J. Palacio, que hasta entonces vivía de diseñar cubiertas para otros autores. Dice que la historia de August está inspirada en la de una niña que vio frente a una heladería, y en la de muchos otros niños que, por diferentes circunstancias, se enfrentan a todo un reto cada vez que salen al mundo real. Parece una historia dura, y lo cierto es que lo es, a pesar de la capacidad que tiene la autora para embellecer cada línea de la novela, y para hacer que todo parezca más inocente, más puro y más bonito. Pero es una historia dura. El personaje de August es tan real que pareces estar leyendo un diario en vez de una novela, y eso hace que todos los obstáculos a los que se enfrenta, a veces, te partan un poquito el alma.

Sin embargo, una de las mejores cosas de La Lección de August es que no te lo cuenta todo August. El libro está formado por distintos narradores, todos ellos hablando en primera persona en sus respectivos capítulos. No creo que sea fácil elaborar una novela entera compuesta de tantos narradores diferentes: tienes que cambiar de estilo, de perspectiva, de tono, de personalidad y de pensamiento. Tienes que ser capaz de distinguir entre cómo lo diría August, cómo lo diría Via (su hermana) y como lo dirían los demás personajes, y para eso tienes que conocerlos muy bien. Tienes que dividirte entre todos ellos y conseguir que ninguno pierda autenticidad en el proceso. Y lo cierto es que R.J. Palacio lo consigue. Y no solo ofrece unos personajes auténticos, humanos y muy bien elaborados, llenos de encanto y fieles a su trasfondo, si no que además aprovecha ese peculiar estilo de narración para enseñar a los lectores una lección de empatía: porque el mundo no es igual para todos y nada es lo que parece a simple vista.

El libro se lee solo. La narración es tan directa y los capítulos son tan breves que el lector cae fácilmente en la tentación de leer uno más, y otro más, y “este será el último”, y “mejor me leo otro”, y “con este sí que lo dejo”. Y así, como quien no quiere cosa, 400 páginas se van en un suspiro. Cuando cierras el libro sabes que vas a echar muchísimo de menos a August, y ese momento es triste y precioso a partes iguales.

Además, al margen de cuál sea la edad recomendada y de en qué momento de tu vida lo pilles, el mensaje de La Lección de August es perfecto por ser totalmente realista. No es un cuento de hadas por estar protagonizado por niños ni es un relato dramático por las circunstancias de August. Hay cosas bonitas, y cosas terribles, y cosas que no son bonitas ni terribles, como en la vida misma. Es un libro perfecto para aprender de él, sobre todo cuando eres joven. Aunque nunca es demasiado tarde para quedarte con un mensaje como ese.

¿Qué he aprendido de este libro que me ayude a mejorar mi escritura?

Lo primero que he aprendido -aunque se podría decir que ya lo sabía, pero siempre es buen momento para enfatizar ciertas cosas- es que es importantísimo conocer de verdad a tus personajes. No basta con definirlos a grandes rasgos, sino que tienes que ser capaz de meterte dentro de ellos, de percibir la historia desde su perspectiva como hace R.J. Palacio, y descubrir así cómo cambia el mismo relato cuando está contado por personajes distintos.

Y en la misma línea que lo anterior, lo segundo que he aprendido es a hacerme la siguiente pregunta a la hora de ponerme a escribir: ¿Qué quiero conseguir con el narrador? ¿Pretendo mandar un mensaje utilizando distintos narradores, como esta autora? ¿Pretendo transmitir intriga a través de la narración en presente? ¿Quiero dar muchos detalles, para lo que quizá sea mejor narrar en pasado? ¿Quiero conseguir el estilo personal de la primera persona, o necesito aportar detalles de otros personajes utilizando la tercera?

A veces, el tipo de narración (el tiempo y la persona) no es solo cuestión de gustos o de la naturalidad con la que te salga al escribir: el narrador también puede tener un objetivo en sí mismo. Y si es así, es muy importante descubrirlo antes de empezar.

“Todos deberíamos recibir una ovación al menos una vez en nuestra vida, porque todos vencemos al mundo.”

Haz clic aquí para leer la sinopsis completa del libro.
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Próxima lectura: El Clan del Oso Cavernario 
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