Regala la oportunidad de crear

¡Eh, que ya es Navidad! No sé tú, pero yo no me he dado ni cuenta. Hace dos días salía a la calle en chanclas y de repente es 25 de diciembre y 2016 está a punto de acabar. ¡2016 está a punto de acabar!

Como cada año, he preparado alguna que otra entrada navideña para estos días, pero creo que la de hoy es la más personal de todas. He decidido aprovechar el día de hoy para compartir una cosa especial que me pasó esta semana. Mejor dicho, un regalo especial que se adelantó a la llegada de los Reyes Magos.

No hay mucho que contar para introducirlo: hace unos meses alguien me dio un empujoncito para dedicar mi tiempo a lo que de verdad me gusta, y así es como acabé haciendo un Curso de Escritura Creativa que me está salvando en muchos sentidos. Y sí, estoy deseando contarte más sobre eso, pero cada cosa a su tiempo.

El caso es que después de tres meses de curso, el grupo se sintió lo bastante unido y animado como para hacer una cena de Navidad con Amigo Invisible incluido. Por supuesto, no podía ser un Amigo Invisible cualquiera, tenía que ser un Amigo Invisible de Libros. A medianoche, la mesa del restaurante se había llenado de volúmenes de todo tipo: poesía, prosa, cuento, novela. Aquí Edgar Allan Poe, allí Luca de Tena, aquí Paul Bowles, allí McCullers. Para mí, Ian McEwan, que ya sé que es un acierto sin siquiera haberlo empezado.

Pero ese no es el regalo especial del que quería hablar. El regalo especial empezó –que no terminó, porque ese tipo de regalos no terminan nunca– con el detalle que uno de nuestros compañeros tuvo con el resto del grupo. Entre la pequeña montaña de libros envueltos y etiquetados coló un paquete que no tenía forma de libro y cuya única etiqueta decía “Para todos”. En su interior, libretas.

Nunca te equivocas si le regalas una libreta a un escritor, pero es que además estas libretas llegaban con sorpresa incluida. Cada una de ellas venía con el nombre de su destinatario, y en la primera página, una frase. El comienzo de una historia. Trece comienzos fascinantes, cada uno personalizado para la persona que lo continuaría, y todos ellos llenísimos de posibilidades. Es la idea más simple del mundo y aun así es tremendamente especial.

Una hora después nos tomábamos unas cervezas y la profesora nos explicaba un consejo que nos había dado semanas antes: “Tenéis que escribir ese texto que os daría vergüenza enseñar a vuestros padres”.

Nos decía que el proceso de un escritor va de aquí a allí, y aquí es donde estás ahora y allí es donde están tus entrañas. Y que hay un momento, más tarde o más temprano, en que tocas tus entrañas y te empapas de todo aquello que nunca dices; de tus miedos más fatales, tus deseos más perfectos, tus momentos más terribles y tus días más puros. Y que cuando estás tocando tus entrañas y escribes con lo que ves en ellas, es cuando te sale algo enorme, algo único. Nos decía que normalmente el escritor ni se entera de que lo está haciendo, porque si sabes que estás escribiendo algo que sale de ahí, lo más probable es que decidas no escribirlo. Pero aunque el escritor no se entere, el escritor lo hace. Y siempre hay un antes y un después de escribir para atravesar ese muro que te separa de tus entrañas, de tu mejor tú y de tu peor tú. Fue una de esas reflexiones que te tatuarías en alguna parte para no olvidarlas nunca.

Y mientras escuchaba, yo pensé en esa pequeña libreta con ese comienzo, y pensé también en todas las libretas que me han regalado, en las guitarras, en los cuadernos, en las plumas. En el curso, que también fue un regalo y gracias al cual estaba viviendo ese momento tan especial.

Y me dije a mí misma que una de las cosas más grandes que te pueden regalar es la oportunidad de crear algo. La posibilidad de atravesar todo lo que eres para llegar hasta tus entrañas, de remover todo lo peor y lo mejor de tu vida, de agarrar esos deseos que nunca miras y ese dolor que nunca dices y convertirlo en un texto tan terrible y tan hermoso como la vida misma, pero tan eterno como solo puede serlo el arte.

Y así, atravesar el muro y ser un poco más tú.

Así que en un día como hoy, solo puedo desear que consigas estar un poco más cerca de tus entrañas; y si no, que aproveches estas fiestas para regalar muchas oportunidades de crear.

¡Ah, y Feliz Navidad!

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