Por qué necesitamos más personajes LGBT+ en literatura (y cómo los necesitamos)

The.Perks

Echando la vista atrás, me he dado cuenta de que nunca he aprovechado estas fechas para escribir sobre la presencia LGBT+ en literatura. Creo que esto se debe en gran parte a que durante mucho tiempo, no fui del todo consciente de la carencia que ha habido siempre en este aspecto. Sin embargo, en los últimos años, se ha hecho cada vez más evidente para mí -hasta el punto de volverse incómodo, molesto, extraño- que hay una diferencia brutal entre la presencia cisgénero y heterosexual y la presencia LGBT+ en los libros que leemos. Una diferencia, además, injustificada.

No es que no haya libros con personajes homosexules, bisexuales, transexuales, asexuales… en definitiva, con cierta diversidad más allá de lo cisgénero y lo heterosexual. Por supuesto que los hay, afortunadamente, y cabe decir que cada vez tienen mejor acogida entre el público y que están sirviendo para reivindicar la aceptación y la visibilización de una realidad que todavía es silenciada. Porque a pesar del Orgullo, a pesar de que poco a poco la sociedad es más consciente de su propia diversidad, a pesar de los avances, lo cierto es que todavía hay muchísimo por cambiar. Hay quejas ante las celebraciones del Orgullo, hay caras de asco o de desprecio, hay conversaciones difíciles con los padres (porque nadie tiene que sentarse respirando hondo para decirle a su familia que es hetero), hay chistes discriminatorios y ofensivos, hay “Yo lo respeto pero que no se me acerquen”, y sobre todo, sigue habiendo censura y agresiones. Y esas son solo algunas de las millones de razones por las que sabemos que la igualdad real de las personas LGBT+ no se ha alcanzado todavía. Pero yo solo voy a hablar de una de esas razones: y es que apenas vemos a esas personas en literatura.

Como decía antes, no es que no existan libros con personajes LGBT+. Lo que pasa es que esos personajes suelen ser secundarios. Y cuando son protagonistas, la mayoría de las veces, es porque los libros tratan precisamente sobre personajes LGBT+. Es decir, son libros cuya temática está intencionadamente centrada en las reivindicaciones del colectivo, libros que se han escrito pensando en visibilizar, que giran en torno a esa realidad deliberadamente. Novelas de amor gay, obras de concienciación, historias de despertar sexual y descubrimiento, y similares.

Libros necesarios. Muy necesarios. Pero insuficientes.

Porque a estas alturas de la historia, en este momento en el que se supone que creemos en la libertad de amar, en esta sociedad en la que somos cada vez más conscientes de lo que de verdad siente el ser humano, los libros de tipo reivindicativo (que insisto, son necesarios), se quedan cortos. No tiene sentido que no haya algo más.

No tiene sentido que no nos hayamos acostumbrado a ver constantemente historias de amor homosexual y bisexual, personajes principales de todas las identidades de género y de todas las orientaciones en historias ajenas esa temática. Es decir, en novelas históricas, en relatos de aventuras, en historias de misterio o de terror, en libros de fantasía, o simplemente, en novelas realistas cuya trama principal no gire en torno al amor, la sexualidad o a la identidad de género.

Porque ya no se trata de mostrar protagonistas LGBT+ para reivindicar, o para profundizar en su historia de descubrimiento personal, o para concienciar. Se trata de mostrar protagonistas LGBT+ porque existen. Sin más. Igual que existen los cis hetero. Están ahí, en la vida, en el día a día. No es cuestión de convertir a las personas LGBT+ en una temática en sí misma, en un género de la literatura al que solo recurres porque deseas, conscientemente, leer sobre ello. Es cuestión de tratar a las personas LGBT+ de la misma forma que a las personas cisgénero y heterosexuales. Con la misma presencia. Y con el mismo motivo: por el mero hecho de existir.

Necesitamos ir más allá de la reivindicación y pasar a la auténtica normalización. Necesitamos ver dos mujeres que se enamoran porque sí, porque las mujeres se enamoran, aunque la trama principal del libro sea el enigma de un amuleto misterioso o un viaje interplanetario. Necesitamos ver hombres que no nacieron con el físico de hombres porque eso sucede constantemente, y no hace falta que el argumento gire en torno a ello. Necesitamos que las relaciones físicas entre personas del mismo sexo sean como las relaciones heterosexuales: algo que ocurre porque así es el ser humano, sin más. O en el caso de las personas asexuales, algo que no ocurre porque así es el ser humano. Sin más. Y necesitamos que la realidad trans y la identidad de género se muestre tal y como es.

Necesitamos todo eso, y solo lo tenemos en pequeñas dosis. Porque no diré yo que no haya libros que cumplan esas características, que los hay. Pero seamos sinceros, hay pocos. Y de los pocos que hay, una gran parte son impopulares. Y los que se dan a conocer, a menudo se presentan como atrevidos o diferentes, con cierto toque subversivo, como si mostrar la vida tal y como es en vez de ceñirse al modelo que nos han vendido fuera algo sumamente valiente, rozando la temeridad.

Mi deseo por estos días del Orgullo es que la literatura empiece a contarnos historias de amor y de sexo de verdad. Historias de amor y de sexo como las que hay en el mundo, diversas, reales, crudas, sinceras, humanas. Y que nos cuente, también, historias de personas de verdad. Con identidades y orientaciones de verdad, de las que hay en el mundo: diversas, reales, crudas, sinceras y humanas.

Si estás leyendo esto y estás pensando que cuando te pones a escribir no te salen protagonistas fuera de lo cisgénero y lo heterosexual, porque simplemente no surgen, porque no te sientes inspirado o inspirada en ese sentido, mi consejo es que pienses en ello. Que te preguntes por qué solo te sale representar una parte de la sociedad, por qué la inspiración no te lleva a mostrar otras historias igual de reales. Que te plantees si quizás te estás limitando a seguir el modelo que te han acostumbrado a ver, y si quizás está en tu mano transformar el modelo que verán las próximas generaciones. Y no vale la excusa de “escribimos sobre lo que conocemos o lo que hemos sentido”, porque no hace falta ser madre o padre para hacer personajes con hijos ni hace falta ser asesino para meter sangre en las historias. Además, en muchos casos, es algo que sí conoces y sí sientes. Si te has sentido atraído o te has enamorado de alguien, sea del sexo que sea, ya sabes lo que se siente. No es diferente cuando se trata de una persona del mismo sexo. Y si la dificultad está en plasmar realidades que no has vivido (como la de los transexuales, los gender fluid o los asexuales), solo tienes que abrir los ojos y mirar a tu alrededor. Al fin y al cabo, observar forma parte del proceso de escribir.

Puede que sea pedir mucho. Algunas personas con las que he hablado de esto me han dicho que quizá es demasiado pronto. Que todavía tenemos que centrarnos en reivindicar, que la sociedad no está preparada para la verdadera normalización. Que necesitamos más tiempo. Puede que tengan razón, pero la verdad es que cuando pido esto, no estoy pensando en si la sociedad está preparada o no. Estoy pensando en lo que me gustaría leer. Y yo quiero leer verdades. Y las quiero leer ahora.


NOTA: Me ha costado mucho escribir esta entrada. Tenía mucho miedo de estar dejándome algo, de estar excluyendo a algún colectivo sin darme cuenta o de no estar expresando correctamente lo que es cada colectivo de los ejemplos que he puesto. Porque lo que he escrito son solo eso, ejemplos. Soy consciente de todo lo que puede haber dentro de ese “+” que acompañaba a las siglas LGBT, pero por desgracia (y seguramente por culpa de esa falta de normalización de la que hablaba) no conozco muchas de esas realidades tan bien como para aportar ejemplos concretos y bien construidos, aunque sé que están ahí. En nuestra mano está visibilizar y normalizar para que la falta de conocimiento deje de ser un obstáculo a la hora de escribir la vida tal y cómo es.
Hagamos que el mundo lea verdades.
Feliz día del Orgullo y la Libertad.
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