Si puedes hacer más, hazlo

Dos meses y medio sin publicar en el blog es mucho tiempo para mí. Y ya me vale, porque después de haber conseguido mantener cierta constancia en las publicaciones, esto es todo un paso atrás. Pero es por buenas razones. Por razones positivas.

Después de un periodo de desorden intenso, con los dos empleos a la vez y sacando ratos sueltos para escribir, puedo decir que mi situación se ha estabilizado. Ahora tengo un solo trabajo —uno que disfruto, relacionado con lo que me gusta—, un horario fijo y algunas horas disponibles para escribir en condiciones. Y aunque tengo varias entradas sobre lectura y escritura pendientes de publicar, he decidido dedicar este post a hablar de lo que he aprendido durante los últimos meses de actividad constante.

Cuando te pasas más horas de las recomendadas en el trabajo (en mi caso, en los trabajos) y empiezas a sentir que no haces nada en tu día a día que no sea comer, dormir y trabajar, te das cuenta de algunas cosas:

  1. La cantidad de tiempo que has desperdiciado (cuando lo tenías), haciendo cosas que no te aportaban nada, que no disfrutabas de verdad y que no te acercaban a tus metas. Por ejemplo: mirar las redes sociales sin ton ni son.
  2. Lo mucho que te puede llegar a cundir el día cuando no tienes más remedio que correr. Ya lo dice mi madre: si te organizas, hay tiempo para todo. Pero claro, organizarse implica también moverse y no dormirse en los laureles.
  3. Lo importante que es cuidar de ti mismo (de tu cuerpo, de tu mente, de tus pasiones, de tus metas) y la poca prioridad que nos damos los seres humanos cuando el trabajo está de por medio.

Ahora que he disminuido un poco el ritmo y que mi día a día es mucho más llevadero, he podido pararme a reflexionar sobre todo esto. Me he preguntado por qué, cuando disponía de tiempo de sobra, no lo dedicaba a mis principales objetivos, o a cuidar de mí misma, o simplemente a hacer cosas productivas y provechosas en vez de dejar que los minutos se me escaparan.

¿Y sabes de qué me sirvió hacerme esa pregunta? De nada.

Porque tratar de reflexionar y de mejorar preguntándote “por qué”, generalmente, no suele servir de nada. Aunque a los seres humanos nos encante torturarnos haciéndolo.

La verdadera pregunta, la pregunta útil, es: ¿Qué puedo hacer para cambiarlo?

Así que lo que hice (después de torturarme un rato con el “por qué” como ser humano que soy) fue tomar una serie de decisiones para empezar a introducir cambios activos.

La primera decisión que tomé fue que la escritura se convertiría en la primera actividad del día, siempre. Así garantizo sacar tiempo para escribir independientemente de lo ocupada que esté el resto del día o de lo que pueda pasar. Si se acaba el mundo a las dos de la tarde, no importa, porque yo ya he escrito a las nueve.

La segunda decisión la tomé cuando me di cuenta de que necesitaba urgentemente seguir aprendiendo. El curso de Escritura Creativa que hice el año pasado me ayudó a descubrir lo importante que es explorar mis límites como escritora y de todo lo que me queda por leer, por escribir y por aprender. Así que este año no solo he continuado en el siguiente curso, el de Relato, sino que me he apuntado a uno de Novela. ¿Quién dijo miedo?

Por último, y no menos importante, está el tema de la consciencia. No basta con empezar a hacer algo. Tienes que tener siempre presente cómo lo haces y por qué lo haces. De poco sirve andar de acá para allá intentando compaginar trabajo, formación y escritura si todo lo que sale de ello es más estrés. Hagas lo que hagas, hazlo sabiendo que lo haces porque quieres, porque te acerca a tus metas y porque te hace sentir bien.

Si te estoy contando esto es porque quiero proponerte que hagas lo mismo. Que tú, como lector, como escritor, como apasionado de lo que sea que te apasione en esta vida, te preguntes cuánto tiempo dedicas en tu día a día a leer, a escribir o a hacer lo que sea que te apasione. Y sobre todo, si podrías dedicar más tiempo aún, si podrías hacer más, y cómo podrías hacerlo.

Y a partir de ahí, simplemente, empieza a moverte. Ya sea cambiando un poco tu rutina, cuidando un poco más de ti o lanzándote a eso para lo que nunca tenías tiempo. Es más difícil de lo que suena pero mucho más fácil de lo que la gente piensa. Porque (ya lo dice mi madre) si te organizas, hay tiempo para todo 😉

PD: Te dejo el post que escribí sobre sacar tiempo para escribir (valga la redundancia), que con un poco de inventiva se puede aplicar a muchos otros ámbitos: Seguir escribiendo cuando no tienes tiempo

 

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Un comentario en “Si puedes hacer más, hazlo

  1. ¡Me ha encantado tu post! Qué razón tienes, si nos paramos a pensar la cantidad de tiempo que pasamos mirando las redes sociales, dándole vueltas a las cosas que no tienen sentido… Si nos organizamos, si priorizamos, somos capaces de cualquier cosa ^^ ¡Gracias por esta entrada por que me ha ayudado a darme cuenta de que querer es poder! =)

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